La primera vez que intenté ponerme en contacto con uno de mis múltiples homónimos fue hace más de diez años. Era un arquitecto brasileño. Descubrí su email en una página y decidí escribirle. Mi correo era amable y entusiasta: “Hey, tenemos el mismo nombre”, le dije, en inglés, pensando que eso despertaría cierta curiosidad en el tal Daniel Krauze Freire.
Nunca recibí respuesta.
Hace dos años hice lo mismo con otro homónimo: un violinista polaco. Obtuve los mismos resultados.
Finalmente, hace una semana puse mi nombre en facebook y decidí mandarle una solicitud de amigos a tres homónimos. En cuestión de días fui rechazado de manera unánime por los tres.
No entiendo. No entiendo por qué me rechazaron. ¿Será que aceptar la cercanía de un homónimo nos quita cierta ilusión de autenticidad?, ¿o será -simplemente- que el resto de los Daniel Krauzes son unos amargados insufribles que son incapaces de entrar en un juego (entretenido, creo) de ponerse en contacto con alguien que comparte su nomenclatura?
En caso de que sea el primero, me pregunto qué pensarán al respecto los Juan Garcías del mundo. ¿Ellos también buscan alejarse de sus homónimos?, ¿rechazan las solicitudes de amigos de otros Juan(es) Garcías?
El hecho es que me entristece el rechazo de estos tipos. Había, en mi acercamiento, un ímpetu curioso, como si el saber que otras personas tienen mi nombre me hiciera sentir acompañado. Ahora me doy cuenta que soy el único Daniel Krauze que piensa de esa forma.



Hola Daniel!!!!
Me dio mucha risa tu post porque yo intenté hace 12 años ponerme en contacto con otra Ariane Ortiz, una francesa que vivía en Londres. Lo intenté a través del icq, que fue el chat de nuestra adolescencia, y el rechazo fue más blunt porque yo sabía que estaba online y simplemente decidió no contestar. Hasta ahí llegó mi intento.
Resulta que hace unos años tuve un novio colombiano, y años después de que termináramos la relación me comentó por mail que le había pasado algo increíble: su jefa en su nuevo trabajo en Bogotá se llamaba Ariane Ortiz (estaba destinado a obedecer a una Ariane Ortiz).
Yo también soy de la idea de que el compartir el mismo nombre debe implicar una cierta conexión “serendipitous”. Al parecer nadie más piensa así.
abrazo!
Ariane
Pues hasta ahora no he tratado de contactar a mis homónimos, pero me encantaría hacerlo… El azaroso destino nos hizo llamarnos así, tal vez un simple saludo hubiese estado bien.
Debo admitir que tu post me hizo reír, y al igual que tú creo que no quisieron ser tus amiguitos por amargados.