Hace no mucho tiempo, un escritor mexicano me dijo que ser escritor tiene, digamos, 10% que ver con la pluma y 90% que ver con la manera en la que uno percibe la realidad. A decir suyo: si uno no ve al mundo con ojos de escritor, de nada le sirve tener una buena prosa. Pero, ¿en qué consiste esta manera de ver al mundo? En mi corta experiencia, me he dado cuenta que, desgraciadamente, los clichés aplican: no es que ayude el ser un tipo torturado, pero creer en la complejidad de la vida, tener experiencias ricas y difíciles, inclusive partir de la base de que hay más maldad que bondad en el mundo, ayuda a la hora de escribir.
Consideremos el caso de G, una compañera de mi escuela. G tiene mucho éxito. Tiene un agente, la producen por todo Estados Unidos y gana buen dinero con sus obras de teatro. Sin embargo, no hay una sola persona que conozco que diga disfrutar lo que G escribe. Nadie la respeta como escritora. Todos se preguntan por qué tiene éxito. Todos cuentan -no por morbosos, sino por realistas- cuánto falta para que el público note su falta de talento. G, por supuesto, es una chica de buena familia, sin ningún problema, que ve la vida como un viaje soleado de 24 horas, 7 días a la semana, 365 días al año.
Consideremos ahora el caso de K, un compañero d emi escuela. K está empezando a tener mucho éxito. Mucho más que G. No hay una sola persona que no adore el trabajo de K. Todos lo respetamos como escritor. Nadie se pregunta por qué tiene éxito. Todos contamos -no por envidiosos, sino por realistas- cuánto falta para que el público note su abundante talento. K es un tipo de buena familia, pero que viene de circunstancias interesantes y difíciles. Es mitad palestino y mitad norteamericano. Pasa la mitad de su tiempo en Egipto, Palestina y Líbano. En general, su humor es sardónico y su punto de vista ácido. Cree que el mundo se puede mejorar, pero ya el hecho de que crea que “el mundo se puede mejorar” delata el hecho de que cree que el mundo no está particularmente sano. Sus obras reflejan este sentimiento. Rara vez escribe algo malo. Su trabajo funciona dramáticamente. Lo que dice también resulta profundo. En suma: K es un escritor.
¿Cuestión de talento?, ¿o será que G está predispuesta a no ser buena escritora por la vida que ha tenido?
Pos no lo sé. Es que es el debate del huevo y la gallina. Creo que tuvimos este debate acerca de ti en mi blog, jijiji. Yo no soy ninguna autoridad en la materia, pero creo que los casos de G y K no tienen que ver con sufrir o no sufrir, porque la complejidad de la vida no se tiene que aprender a madrazos, creo yo.
La distinción es muy básica y en inglés es más clara: es la diferencia entre artist y entertainer. K es artista porque no sólo hay forma, sino también fondo. G es entertainer porque ya encontró la formulita, pero por dentro no hay nada. Eso no radica en la biografía de cada uno, sino en la capacidad de ambos de rebasar sus propias circunstancias y ver lo profundo, lo humano, lo natural, lo universal.
El Budha nació príncipe y creó una filosofía. Lennon tuvo una vida trágica y creó un repertorio a favor de la paz. Es una cuestión de perspectivas: tanto el que sufre tiene que sobreponerse a su sufrimiento y ver más allá, como el que es afortunado desde el principio tiene que vencer las limitantes que eso implica -porque, aceptémoslo, a veces eso limita su visión de la realidad-.
La cosa es: no hay nada escrito. Sólo hay que ver más allá. Nútrete del mundo, está ahí para todos. No dejes que la escritura esté subordinada a tu historia personal -ni para bien ni para mal-.
Ya mero regreso a México. Esta plática amerita unas chelas e invitar al Mandurrabia (www.mandurrabiaonline.blogspot.com)
No sé de qué depende, pero definitivamente no creo que tener una vida libre de problemas (lo cual es imposible, porque todos los tenemos) sea la razón del fracaso como escritor.
Quien vea la vida tan soleada, seguramente se sentirá el indicado para guiar a los demás a través de libros de autoayuda jaja.
Por desgracia, se cree que el buen escritor es aquel que rompe los récords en ventas, aquel que tiene un libro en el área de los Best Sellers.
Una cosa es la fama otra es la gloria. La fama es de los bestsellers y personajes de tv, la literatura para ellos es un medio para su fin que es ser conocido, aplaudido etc…La gloria es del escritor que logra la página perfrecta, el ibro que quiere hacer, al margen de los reflectores. La literatura para el escritor de verdad es un fin en si mismo. La escritura puede estar relacionada no subordinada a tu vida, porque de una u otra forma todas lo están, pero debe ser creativamente. Descubrir algún territorio por uno mismo, no en el sentido de que otros no hayan estado ahí sino que el descubrimiento y la exploración sean genuinos. Esa es la misión del escritor. Además, el verdadero escritor (más allá de las minicias del estilo) sabe bien si lo es.
Es que K tiene nombre de escritor, a la Kafka, a la Kundera, ¿a la Krauze?
Digo, esto funciona si su nombre empieza con K.