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Posts Tagged ‘angélica rivera’

En referencia a sus críticos dentro del círculo político, Carlos Salinas de Gortari famosamente dijo “ni los veo, ni los oigo”. Eran otros tiempos, pero no otro PRI. El “ya me cansé” del 2014 expresa algo similar al “ni los veo, ni los oigo” de 1994: la opinión pública es irrelevante. Gobernar no es escuchar, gobernar no es servir.

               A partir de una interesante discusión con @mauroforever (en la que me enlistaba los cambios que el PRI no ha llevado a cabo en los últimos veinte años), me he preguntado mucho si los gigantescos errores y posibles delitos del PRI actual responden a su esencia. Creo que sí. Parto de la base (hipotética, porque no tengo cifras que la respalden) de que la mayoría de quienes votaron por Enrique Peña Nieto en las elecciones presidenciales creía que el PRI 2014 era el PRI 2.0: un partido con raíces en el jurásico pero consciente de que el suelo de hoy no es el mismo de la “dictadura perfecta”; un partido consciente de que perdió la presidencia en el 2000; un partido consciente de que la opinión pública y democrática existe y, sobre todo, decide en las urnas.

               La debacle de Peña Nieto demuestra que eso es falso, y no solo me refiero a la tragedia de Ayotzinapa que el presidente sigue sin abordar con la firmeza, la transparencia y, sí, la valentía necesaria. Me refiero a otros hechos, ya sean tropiezos o actos presuntamente ilegales.

               Vamos con los primeros. ¿En qué cabeza cabe –en medio de la mayor crisis de imagen pública de tu gobierno- mandar a tu hija a recibir un “premio”? ¿Quién puede pensar que hacerlo sea, no digamos políticamente razonable, sino moralmente aceptable? Es fácil imaginar la escena en casa de los Peña Rivera:

Pero, Maaaaamiiiii, o sea, es mi premio, ¿neta no puedo ir por culpa de esos de Ayos… Ayot… como se diga? ¿Neeeeeta?

Ve, Mijita, claro. Ve y recoge tu premio. Disfruta y sé feliz.

               El vergonzoso desliz de la hijastra de Peña revela la escasa importancia que se concede en Los Pinos a la opinión pública, al estado de ánimo y los sentimientos de los mexicanos. En otras palabras, como Peña “no nos ve ni nos oye”, ignora que nosotros sí los vemos y los escuchamos (en plural). Que nosotros, a diferencia de él, sí estamos al tanto de su comportamiento.

               El tristemente célebre “ya me cansé” de Murillo Karam forma parte del mismo, alarmante problema. A sus ojos, su labor no es darnos la palabra y después esclarecer, con un mínimo de empatía, lo que sabe sobre la tragedia de Ayotzinapa. Para el nuevo PRI, que es igual al viejo, reconocer a un interlocutor en el electorado y la prensa es impensable. Acostumbrado a que las quejas de la gente no influyen en las urnas (como no influyeron durante setenta años), el PRI no le ve valor político ni humano a atendernos, oírnos o responder preguntas. Eso lo hacen las democracias y el PRI, en esencia, no es un partido democrático.

               Vamos a la Casa Blanca de Peña. 8 millones de dólares percibidos de forma inexplicable (o hasta ahora inexplicada) son una ofensa mucho más grave que dos frases insensibles e idiotas. En su momento lo dijo Carlos Hank González, ese brontosaurio revolucionario institucional: “Un político pobre es un pobre político”. Para el PRI eso no es una sugerencia sino un modus vivendi. ¿Peña es distinto? Su Casa Blanca comprueba que no. Se necesita ser muy ciego o muy soberbio para creer que, en pleno 2014, se puede ejercer en paz la presidencia de México habiendo adquirido por vías no transparentes (y aún con ellas) una casa de 8 millones de dólares (¡en el DF!) y que esa cifra no terminará saliendo a la luz. ¿Cómo explicarlo? Porque el PRI de 2014 sigue creyendo que vive en México 1988, 1977 o 1968, un país donde se podía robar a manos llenas y enriquecerse con dinero del erario y contratos chuecos sin que la gente se enterara y protestara. ¿Y qué importa si se enteraban y protestaban? Al cabo de seis años, otro priista ocupaba la silla presidencial.

               Las cosas como son: solo una persona con una fortuna muy, pero muy vasta adquiere una casa de 8 millones de dólares, en un mercado inmobiliario que no es tan lucrativo como, no sé, el neoyorquino o el londinense. No basta con vender maquillaje: Angélica Rivera necesitaría ser dueña de un porcentaje de Avon para justificar esa lana. Peña Nieto debe mostrarse completamente dispuesto a dar una explicación convincente o ser investigado. ¿Lo hará?

               Lo único positivo de estos últimos meses aciagos es la evidencia de que, aunque el PRI es el mismo, México no es el mismo. La unanimidad de la protesta, la indignación compartida, todo esto habla de un país harto de la delincuencia y la corrupción, dos enfermedades convergentes que, durante 70 años, fueron alentadas y encarnadas por el PRI. Hagamos todo lo posible, en las calles, pero sobre todo en las urnas, para que Peña Nieto sea el último dinosaurio que nos gobierne. Suficientes hemos tenido.  

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