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Posts Tagged ‘jane campion’

 

Conocemos la fórmula de memoria: un detective al que le asignan un caso que poco a poco lo desquicia; un caso íntimamente ligado con eventos traumáticos de su propia vida. En The Girl with the Dragon Tattoo bastan un par de secuencias para entender por qué Lisbeth Salander decide ayudar a Blomkvist a resolver el enigma de una chica desaparecida en el que la hacker ve refractada su propia pugna con el género masculino. En The Silence of the Lambs el espectador obtiene el vínculo gracias al Dr. Lecter, quien deduce que Clarice Starling, agente del FBI, quiere salvar a la próxima víctima de un asesino serial para salvarse a sí misma. Top of the Lake, la magnífica miniserie de Jane Campion, lleva ese lazo a un terreno tan obvio que casi raya en lo burdo. La detective Robin Griffin (Elisabeth Moss) regresa a su pequeño pueblo natal en Nueva Zelanda para cuidar a su madre, enferma de cáncer. Al cabo de un tiempo recibe una llamada de la policía local, que tiene en su custodia a Tui, una chica de doce años con cinco meses de embarazo. Un par de capítulos después, Tui desaparece, dejando una sola clave detrás, escrita sobre un pequeño pedazo de papel. Conforme se inmiscuye en el caso y en las vidas de los habitantes del pueblo, Griffin comienza a perder la razón. Lentamente afloran los motivos detrás de su comportamiento. La vida de Tui y la suya ocultan el mismo trauma. 

 

            Solo una directora del calibre de Jane Campion podría crear algo tan sorprendente y complejo partiendo de una premisa tan esquemática. Destaca la riqueza de los personajes que rodean y exacerban el conflicto central. Tan disímiles entre sí que a primera vista resultan arbitrarios, los locales que habitan la historia son, en contraste con las motivaciones de Robin, todo menos esquemáticos. La desaparición de Tui ocurre casi al mismo tiempo que la llegada de GJ (Holly Hunter) y su grupo de mujeres agraviadas a Paraíso, un terreno a orillas del lago, propiedad de Matt Mitcham (Peter Mullan), un delincuente polígamo, líder de facto de la localidad y padre de Tui. Campion completa su retablo con la presencia esquiva y amenazante de otros machos del pueblo: hombres que viven anclados a un vaso de cerveza, detectives de dudosas motivaciones, adictos en recuperación, adolescentes mudos e inmigrantes y neozelandeses maoríes con pasados turbios. El resultado es una batalla épica entre ambos sexos, hilvanada, al mismo tiempo, con fuerza narrativa y sutil semiótica.

 

Quizás no haya mejor secuencia dentro de la serie que una cita entre Anita (Robyn Malcolm), una de las acólitas de GJ, y Matt. Minutos después de hablar acerca del Edén, ambos se comen una pastilla de éxtasis y recorren semidesnudos la flora húmeda y desbordante de Paraíso, hasta llegar a la tumba de la madre de Matt, donde, en un acto sadomasoquista, el hombre lleva la parábola religiosa al límite. En unas cuantas tomas, Campion tuerce simbologías bíblicas y vincula unas tramas con otras: la mujer muerta toma el papel de deidad vengativa más que providente, tendiendo un paralelo con la propia GJ: taciturna, rendida y tan brutal como Matt, el hijo pródigo y salvaje, expulsado del Edén por un puñado de hembras. El pasaje condensa las virtudes de Top of the Lake: la perversión de los roles del hombre y la mujer, y la obliteración del lugar idílico (ahora solo asequible mediante el uso de estupefacientes). No obstante, aquí el paraíso es más que el terreno por el que Matt se enfrenta a GJ y su grupo. Es la locación misma que Campion escogió: un rincón prístino de Nueva Zelanda –un país en el que no existe un solo animal ponzoñoso– de montañas cobrizas, apenas cubiertas de nieve, abrazadas por lagos de color azul turquesa. Conforme avanza la historia, y Tui supuestamente desaparece en el bosque, la cámara de Campion abandona los paisajes bucólicos y se concentra en estrechos de lago rodeados de árboles marchitos, cabañas engullidas entre sombras y fango, calles desiertas, siempre intercalados con tomas que registran la acción a kilómetros de distancia, como si la niña observara al pueblo, oculta entre la maleza, a salvo, lejos del “paraíso”. 

 

            Incómoda y por momentos espesa, Top of the Lake exige la paciencia de un espectador acostumbrado a sacudidas y giros de tuerca como los que brindaba Breaking Bad. La recompensa es un microuniverso fascinante que funciona como una parábola de la relación entre ambos géneros y como un retrato fidedigno de un meandro de Nueva Zelanda. La destreza de Campion está en crear esa suerte de sinécdoque. Dentro de un globo de cristal, observamos ese sitio, divino bajo cualquier estándar, mientras tiembla y amenaza con colapsarse. Afuera, al unísono, sentimos el mismo tremor.

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